Abriste el botiquín del baño casi desesperanzado, en búsqueda de alguna pastilla que pudiera aliviar tu dolor de cabeza. En realidad, ese era el menor de tus males: sufrías un malestar muscular desde ayer, sentías que dos camiones acoplados te habían pasado por encima ida y vuelta y habías tenido un encuentro no deseado con una de tus hermanas. Absolutamente no deseado.
(Flashback)
Tus ojos confirmaron tus sospechas y una vez más comprobaste que tu registro auditivo era de lo más fidedigno. No emitiste palabra.
- ¿Venís de ver a Zaira? - y que te dirigiera la palabra ya lo considerabas de lo más osado. Te debatías entre mandarla a la mierda o darte vuelta y seguir caminando. Ella avanzó - ¿Estás viviendo por acá?
- Perdiste el derecho a hacer preguntas hace bastante – escupiste sin temor a lastimar y te dispusiste a volver a tu departamento lo más rápido que pudieses. Tu hermana te detuvo al tomarte firmemente por el antebrazo y te estremeciste al sentir su contacto.
- El derecho me lo sacaste vos, injustamente...
- ¿Injustamente? - y tu tono de voz se elevaba sin control. No podías creer que justo ella te hablara de justicia - Deja de decir boludeces Luciana y hace un poco de memoria ¡A mi me sacaron un derecho! Y les importo 3 carajos.
- No fue así Pedro y vos lo sabés... Sos tan egoísta - te dijo, gritando ahora ella también. Sus ojos miel se encontraban vidriosos y los tuyos también. Intentaste atribuírselo a la ventisca que soplaba desordenando tu cabello y el de Luciana. No querías llorar; no te lo merecías.
- Fui yo al que le ocultaron, al que le mintieron... Nadie se puso en mi lugar ¡Nadie! - ella negó con la cabeza mientras una lágrima corría por su mejilla - Ni siquiera vos.
- Porque me puse en tu lugar me di cuenta de mis errores y te pedí perdón... Pero en todos estos años vos no reflexionaste ni un poco.
Resoplaste. No estabas preparado en lo más mínimo para este encuentro... Mucho menos para perdonar. Seguía siendo una herida abierta, aún 2 años después.
- Si sintieras la mitad de lo que siento, me entenderías... Valoro tu perdón y después de tanto tiempo te lo concedo - y de sus ojos se desprendieron varias lágrimas más al escucharte; vos hiciste una fuerza inmensa para mantener tu postura y no quebrarte. Al fin y al cabo… era tu familia - pero no puedo estar bien con vos todavía.
- Creo que eso es peor que que no me perdones directamente - dijo con una mueca mientras secaba sus facciones con la palma de su mano izquierda.
Explotabas de indignación ¿Qué pretendía?
- Entonces no te pones en mi lugar un carajo - le dijiste directamente a los ojos y era la primera vez en 2 años que tenías un contacto tan palpable con alguien de tu familia. Ella bajo la mirada, avergonzada.
- Lo intento... ¿Pero vos te ponés en el mío? - y revoleaste los ojos alejándote otra vez. Esa manía de dar vuelta las cosas.
- ¿En qué momento deje de ser víctima para ser victimario?
- Vos inventaste lados Pedro, todos compartimos el mismo dolor - y te detuvo antes de que comenzaras a reprochar. Vos cerraste la boca, brindándole el espacio - y nosotros nos equivocamos... Pero vos también cuando decidiste que la solución a todo era incomunicarte de todo el mundo.
Miraste hacia otro lado, completamente incómodo. Sabías que en algún punto, parte de su argumento era válido pero no eras capaz de aceptarlo. Te dolía escuchar y más te dolía ponerte a remover lo que tanto te costó enterrar.
O creías que habías enterrado.
- ¿Saben que volví? - inquiriste preocupado. Podías escuchar las voces y reproches de tus hermanos y de tu papá en tu cabeza. Las apagaste de inmediato.
- Solo yo...
- Gracias - musitaste débilmente. Al fin y al cabo Luciana parecía respetar y comprender tu situación, a pesar de no estar muy de acuerdo - La viniste a ver a Zaira no?
- Si... Necesitaba saber más de vos – explicó con una media sonrisa. No sabías si se disculpaba o intentaba darte lástima - La verdad me ahorraste el interrogatorio a Zai... Pobre, iba a ponerme pesada.
- Siempre sos pesada - dijiste y ella sonrió de un solo lado, como vos continuamente hacías. Mantuviste el silencio y ella entendió por tu zapateo nervioso que deseabas irte. Tragaste e inhalaste un soplo de aire, como si te ahogaras.
- Te voy a dejar mi tarjeta... Esta el numero de la oficina y de mi celular, por si querés ubicarme – y tomaste el pedazo de cartón rectangular que te ofrecía… por cortesía. Aún no podías decodificar lo que querrías hacer a continuación respecto a tu hermana - No sabés lo grandes que están Delfi y Fran...
Y ahora si tus ojos te traicionaron y desprendieron un par de lágrimas. Golpe bajísimo.
Intentaste que las imágenes de tus sobrinos no se reprodujeran en tu mente, pero fue en vano. Delfina con 4, Francisco con 2 ¿Se acordarían de vos? ¿Recordarían tu nombre?
Asentiste con la cabeza gacha. No querías que te viera tan vulnerable. Guardaste la tarjeta y ella te saludo desde la lejanía, permitiéndote dar la vuelta para volver a tu casa, con un andar cansino y pesado.
(Fin flashback)
Te acariciaste la sien como si de esa manera fueras a aliviar el dolor. Claramente, estabas somatizando todo lo sucedido el día anterior.
Al irte definitivamente a vivir a Nueva York hace dos años, habías construido un muro que creías impenetrable entre tu pasado en Buenos Aires y vos. No mantenía lejos a los demás… te mantenía adentro, protegido, de cualquier otra cosa que pudiera lastimarte de nuevo.
Sin riesgos, sin imprevistos.
La verdad es que podías seguir reforzando ese “muro” en el que vivías ¿pero cuál era la verdadera ganancia? ¿Valía correr el riesgo de saltarlo y aventurarse a lo de afuera?
El debate era con vos mismo, porque el conflicto interno no confluía en nadie más que en vos, Pedro. La decisión de qué rumbo tomar, era tuya.
Tosiste sonoramente; al parecer, tu garganta también estaba viéndose afectada. Sin embargo, aunque apenas escuchaste el celular, la luz roja del led centelleando te aviso que alguien te estaba hablando por el BlackBerry Messenger.
“¿Da para darse?”
Carcajeaste fuertemente y tecleaste aún riéndote.
“Mi teléfono y mi dirección”
Aguardaste su respuesta ansioso, mientras te tirabas en el puff azul marino que habías adquirido hace poco.
“Ya los tengo…”
Sonreíste de costado, dejando descansar tu cabeza.
“¿Qué hacés entonces todavía en tu casa?”
Amabas este ida y vuelta.
“Pedro, ¡estás otra vez endemoniado! Jaja. Quiero pedirte algo seriamente…”
Enarcaste tu ceja izquierda, curioso.
“Vos me ponés así… ¿Qué cosa?"
Al instante te informó el BlackBerry que Paula te estaba respondiendo pero no hizo más que acrecentar tu ansiedad.
“Es algo lindo… mejor te lo digo personalmente”
Pensativo, enviaste un “Bueno… MIEDO jajaja” y suspiraste.
Definitivamente, Paula era la mejor razón para atravesar un muro.
Me lo dedico a mí, que me cagan los planes de Año nuevo -.- jajajaj.
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