Una melodía que creías conocer pero no podías identificar inundaba tus oídos. Diferentes timbres e intensidades que te aturdían (por el estado de somnoliencia en el que estabas) y no pudiste contener un “la puta madre” por la molestia que te producía la música pero más aún por haberte despertado tan bruscamente.
Reconociste el maldito aparato del que provenía el sonido como el celular de Paula, quien dormía plácidamente a tu lado y sólo se había acomodado sobre si misma tapándose las orejas, para silenciar el ruido, aún dormida.
Sonreíste al verla, completamente despierto (o casi), cuando el BlackBerry sonó nuevamente. Te refregaste los ojos y te incorporaste para buscar el teléfono por tu cuenta, dado que ella no parecía tener intenciones de moverse.
- Apagalo – murmuró semi dormida y encontraste la escena entre tierna y graciosa. Esa combinación era de las que más te gustaba ver en Paula.
Tomaste el aparato de la mesita de luz más cercana y te fijaste quién era el/la culpable de interrumpir el sueño de ambos.
Delfina.
- Es tu hermana amor...
- Ponelo en silencio gordo, le contestó después – decidió y vos hiciste una mueca al leer la hora que marcaba el reloj del celular. Paula te miró extrañada desde la cama - ¿Qué?
- Son las 4 de la tarde Pau –y tus palabras le cayeron como un baldazo de agua fría. Se levantó prácticamente de un salto olvidando el sueño, la comodidad de la almohada y las ganas de dormir un poco más.
- La fiesta es a las 7 Pedro, no me maquille ni me prepare, ni me bañe, ni - y no parecio encontrar otro verbo para seguir dimensionando la importancia de la situación pero era innecesario para que captes el mensaje. Te preguntaste si podrías haber sido más sutil pero supusiste que al fin y al cabo, la reacción hubiera sido la misma. Paula comenzó a moverse por toda la habitación como una exhalación; vos optaste por sentarte al borde de la cama, algo confundido sobre lo que deberías hacer a continuación - ¿Te vas a quedar ahí? - preguntó casi incrédula.
- ¿Te bañas vos primero? - dijiste al reaccionar e intentando tomar la iniciativa a la hora de proponer algo. Ella asintió para sí misma mientras pensaba como se organizaría después.
- Sí - y se detuvo por unos segundos - ¿y que vas a hacer vos? - y esa era una buena pregunta. La observaste desde tu cómodo asiento en el acolchado rojo - Me pone nerviosa que estes tan tranquilo Pedro.
- Es que si propongo ayudarte gorda, va a ser peor - explicaste y ella rió, totalmente de acuerdo con tu reflexión. A esta altura la conocías bastante y sabías que intentar ayudarla sería aún peor que no hacer nada - ¿La Paula “zen” de anoche dónde quedo?
- En cualquier lugar menos acá cuando la necesito - respondió nerviosa mientras se mordía el labio y la tomaste de la mano para acercarla hacia donde estabas. Ella suspiró, algo frustrada porque esa situación, era una de aquellas que no podría controlar.
- Perdoname, fue idea mia quedarnos hasta tarde anoche - dijiste apenado y ella frunció el ceño. Se sentó sobre tus piernas sin sacarte sus ojos verdes de encima y vos le sostuviste la mirada.
- A mi no me obligó nadie eh... – te contradijo con seriedad y vos hiciste una mueca. Ella acarició tu pómulo izquierdo lentamente - Fue culpa mía que de colgada no active la alarma – y sonreíste de costado. Paula besó tu nariz - Lo de anoche fue inolvidable.
- Vos sos inolvidable... – retrucaste como si fuera la verdad universal más obvia. Y no era ninguna mentira… jamás pudiste olvidarte de ella y tenías la certeza de que tampoco podrías.
La besaste con una ternura inigualable, intentando tranquilizarla y poder eliminar la tensión y los nervios que le causaba haber salido de lo planeado y atrasarse en lo que ella entendía como un orden inmutable. Sentiste como su pulso se normalizaba y aún después finalizado el beso, continuaste acariciando su espalda con dulzura.
Y otra vez el teléfono interrumpiendo.
- Delfi, gorda, perdoname que no te atendí antes. Estaba dormida – explicó Paula una vez que atendió el celular y vos te levantaste de la cama, quién sabe para qué. Decidiste preparar el traje, la camisa y demás prendas que debías utilizar para el evento.
Refregaste tus ojos una vez más. Al final, no estabas despierto nada.
- Es que…las estrellas siempre son un buen plan - sintetizó la rubia mientras te guiñaba un ojo y su hermana largaba un "ah, bueno… afloja con las hierbas Pau". Ella carcajeó y vos te contagiaste de su risa mientras tu mente te trasladaba a los hechos sucedidos la noche anterior.
(Flashback)
La cantidad de estrellas que decoraban el cielo, de un azul oscuro que se confundía fácilmente con el negro, era impresionante. Centelleaban con una luz casi desconocida para vos; cuando te sentabas a mirar las estrellas en el firmamento neoyorkino el brillo de las mismas era imperceptible o más bien, pasaba desapercibido entre todas las luces de la ciudad misma.
En José Mármol, recordabas de chico sentarte con tu hermana Luciana alguna que otra noche a mirarlas, en silencio, acostados en el borde de la pileta. Pero no creías recordar, que brillen con tanta belleza y claridad.
Y allí estaban los dos, Paula recostada sobre tu pecho respirando con una tranquilidad impropia de ella (y que te causaba una extrema curiosidad) mientras recorría una y otra vez tu torso con sus dedos. Tirados en el pasto, inconscientes de la hora.
- ¿Qué estás pensando? – preguntaste intrigado mientras acariciabas su pelo con delicadeza. Ella se tomó unos segundos para contestar.
- ¿Me creés si te digo que en nada? – y la oíste suspirar. La nada, la mente en blanco, desconectarte. Claro que sabías a que se refería y te encantaría poder lograrlo ahora – Estoy como… “zen”
- ¿Zen? – repetiste divertido. Adivinaste que estaba mordiendo su labio y ella levantó su cabeza para poder mirarte.
- No te rías – y la miraste intentando contener la risa mientras la rubia te devolvía una mirada desafiante, clavándote sus ojos verdes. Se relajó para continuar – Estoy como tranquila… despreocupada.
- Estás zen – volviste a decir como afirmando lo dicho y Paula revoleó los ojos, simulando irritación. Sonreíste pícaramente y en compensación a tus burlas (y esa era la excusa para visitar nuevamente su cuello aunque no la necesitaras) depositaste una fila de besos que iba desde el hombro hacia arriba.
- Vos me ponés así, hacete cargo – finalizó con una sonrisa dedicada a vos.
- ¿En serio no estás nerviosa? – inquiriste dubitativo. Habías esperado que la respuesta fuera otra.
- No… pero vos si estás nervioso – y te preguntaste en qué habías fallado para que te descubra tan fácilmente. Hiciste una mueca.
Se habían invertido los papeles.
Rascaste tu sien mientras mantenías los ojos cerrados y cuando los abriste te encontraste con ella inspeccionándote en silencio.
- Sí, estoy un poco nervioso… - y ella te miró sin entender por lo que proseguiste – Voy a conocer a tu familia – y era irónico cómo hubieras jurado que la situación se daría al revés. Si antes no habías confesado como te sentías, era porque no querías que ella se sintiera contagiada. Exhalaste.
- Pero amor, a Gonza ya lo conocés – reflexionó y era cierto que con su hermano ya te habías cruzado varias veces. La fiesta en la casa de Zaira, la primera –y Delfi es Delfi – añadió con una sonrisa.
- ¿Y tu papá? – preguntaste, llegando al punto que más te preocupaba abordar, y Paula frunció el ceño.
- ¿Mi papá qué? – y vos revoleaste los ojos; te molestaba que se hiciera la tonta. Ella arqueó las cejas – Mi papá es el que tiene que esforzarse para que te caiga bien, no al revés.
- Pau – dijiste y ella desvió la mirada, adivinando a dónde querías llegar – No es así.
- Sí es así… - y podía ser más cabeza dura que vos- además lo que piense da igual, no me interesa. No esta en posición de nada.
- Yo sé que eso no es cierto... - y ella desvió la mirada - Para vos tu familia es muy importante... Y tu papá también, si no no estaríamos acá - frunció los labios y volvió a mirarte - Por eso quiero estar a la altura y dar una buena impresión.
- ¿Y a quién no podés caerle bien? Si sos la persona más buena, educada y simpática que existe - y fuiste vos quién enarcó las cejas ahora- Y no lo digo nada más porque te amo mucho eh, puedo ser objetiva.
- No me cambies de tema…
- Está bien, tenés razón. Pero estoy tranquila porque se que es imposible que le puedas caer mal a alguien Pedro - suspiraste y Paula acarició tu mejilla - Además sos la persona que me hace más feliz... Solo basta eso para que los conquistes.
- Gracias - murmuraste mientras una tímida sonrisa se asomaba en tus labios. Aquella declaración era exactamente lo que necesitabas para quedar en blanco - y no sos objetiva... Por eso te amo mucho - y darse un beso bajo las estrellas, sí que era épico.
(Fin flashback)
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