Odiabas esperar y hacía 20 minutos que aguardabas que tu valija se materializara en la cinta que llevaba y traía el equipaje de los pasajeros de tu vuelo. Habías estado los últimos 4 días en Cancún realizando la producción para Luz de Mar, conocida marca de trajes de baño.
Otro bolso gris, una valija roja y dos azules. Mordiste tu labio inferior con suma molestia, hasta que la divisaste a los lejos; de tamaño mediano y con un diseño de Burberry’s. La tomaste con alivio y sentiste vibrar tu celular en tu bolsillo.
Pedro.
Sonreíste instantáneamente. Hacía cuatro días que no lo veías y en tu vida habías experimentado esta mezcla de impaciencia con ansiedad respecto a nadie. Te considerabas una persona completamente independiente, pero hacían 96 horas que no dejabas de pensarlo.
Desbloqueaste el teléfono y entraste al chat: “¿Humor 5? Dejá de morderte que te vas a despedazar el labio”.
Reíste mordiendo tu labio (ahora con ternura) y eso te hizo reír aún más ¿cómo podía ser que te conociera tanto?
“Humor – 2, pero por alguna razón está subiendo… o por alguien ¡Ah, encontré la valija!”
Que Pedro haya adquirido un Blackberry te facilitó muchísimo las cosas; se lo habían dado por el trabajo y desde que dejaste Buenos Aires no hubo un minuto que estuvieran desconectados. Pero obtuviste el efecto contrario al deseado (no extrañarlo): lo hiciste el doble.
Te daba vergüenza admitirlo incluso a vos misma, pero ya no tenía caso. No podías hacer nada al respecto.
El martes al mediodía, mientras ultimabas detalles de la valija antes de salir a Ezeiza, habías encontrado cuatro post-it pegados en tu pared. Te acercaste, con el ceño fruncido ignorando quién podría ser el autor, pero más bien irritada porque pegaron papel directamente sobre la pintura. Sin embargo, tu expresión cambio al instante al reconocer la letra que estaba plasmada en los cuatro cuadrados amarillos.
“25A7N19B”;
“Y, era hora de modernizarnos…los mails no iban más jaja”;
“Ahora somos chuecos 2.0”;
“PD: Espero con esto, no extrañarte tanto. Te quiero”
Atravesaste el free shop en cuestión de segundos; lo conocías de memoria y no querías perder más tiempo en el aeropuerto. Un taxi te llevo a tu casa y cuando llegaste lo primero que hiciste fue tirarte en el sofá; estabas agotada.
Sonreíste al sentir su perfume en los almohadones y hundiste tu nariz para aspirar su aroma. De repente, comenzó a sonar tu celular y atendiste despreocupada sin mirar, pensando que era Pedro.
- Hola - dijiste sonriendo.
- Al fin me contestás Pochi, hace mil que estoy tratando de contactarme con vos – y la sonrisa se desvaneció al instante.
La puta madre.
- Y, me parece que estaba tratando de que captes un mensaje ¿no? – y consideraste cortar, pero ya habías atendido.
- Se que estás enojada, pero ya te expliqué que no tuve nada que ver. Sabés cómo son en Lobos…No podemos tirar tantos años de amistad por una boludez, te necesito.
- ¿A vos te pagan por decir estupideces por minuto o sos boludo autodidacta? Ezequiel, esto es un deja vu sin fin – y sentías como los recuerdos de años atrás se apilaban haciéndote sentir extremadamente pesada - ¿Qué tengo que hacer para que no me jodas más? No me interesa cómo son en Lobos, lo único que pesa es lo mala persona que sos y de eso sí que no me olvido.
- No te hice nada Paula, pueblo chico infierno grande… Quizás me equivoque en algunas cosas, pero mis sentimientos por vos no cambian… siempre sentí algo fuerte entre nosotros.
- ¿Te das cuenta como te contradecís sin parar no? Siempre lo mismo con vos…
- Es que me sobrepasa la situación… juntémonos a hablar, no me gusta discutir por teléfono.
- Ya nos juntamos una vez y las cosas terminaron peor que antes… para mí obviamente, porque vos te lavaste las manos como lo hiciste desde el primer minuto – estabas indignada, enojada y retenías las ganas de llorar - No me querés una mierda, ni como amiga ni como algo más.
- Si que te quiero… y quizás no aceptes que nos veamos, pero vas a tener que escucharme en el compromiso de tu viejo.
- ¿Qué compromiso? ¿Miguel y Claudia se casan?
- Si Pau, no sab
Y cortaste sin dejarlo terminar de hablar. No querías pensar, ni en Ezequiel ni en lo que pasó y mucho menos en tu papá. Te sentías ahogada y tomaste únicamente las llaves para poder abrir la puerta.
Cuando saliste del departamento, comenzaste a correr. No tenías dirección ni tiempos; solo intentabas poner la mente en blanco y estar tan cansada que a tus neuronas les costara hacer sinapsis. El viento chocaba fuertemente sobre tu cara y unas tímidas gotas rozaron tu mejilla. Había comenzado a lloviznar.
Dejaste que tus lágrimas se confundan con la lluvia, liberando la angustia que te embargaba. No tenías certeza de por qué llorabas, pero tampoco te hacías preguntas.
El cielo transitaba de un oscuro gris a un negro. Estabas completamente empapada y optaste por sentarte en la escalera de entrada de una casa en Báez y República de Eslovenia. La tormenta era cada vez más intensa y tiritabas de frío.
- ¿Pau?
Levantaste la mirada y allí lo viste. Con un paraguas negro y una de sus tantas camisas a cuadros. Tan lindo, tan real.
Tenía el pelo un poco mojado, te mordiste el labio automáticamente. Él se acercó con sutileza, sabía que algo no estaba bien pero no quería presionarte.
- Se rompió el hechizo – bromeaste con tu aspecto efectuando una media sonrisa. Mientras, te frotabas los brazos para aliviar el frío; totalmente en vano, porque el agua seguía cayendo sobre vos.
- Qué boba que sos – te dijo negando con la cabeza mientras vos te levantabas y tiró de tu brazo para aprisionarte junto a él y resguardarte bajo su paraguas. Te abrazó con ternura y las lágrimas volvieron a rodar por tu mejilla. Sabía perfectamente como contenerte.
- Qué lindo estás así todo mojadito – dijiste tímidamente al mirarlo mientras te secaba una lágrima y volviste abrazarlo. Pedro con una sonrisa, te dio un beso en el pelo.
Respiraste hondo… comenzabas a sentirte en paz.
jueves, 22 de diciembre de 2011
Capítulo 15.
Sentías como su aliento chocaba cálidamente sobre tu boca y te estremeciste. Tus ojos iban de los suyos, verdes, a los labios rosados de su boca; un camino constante. Le retiraste un mechón que se había pegado en su mejilla, con una caricia. La excusa perfecta para acercarte un poco más.
Ella te miraba fijamente, no parecía tener intenciones de alejarse de vos. No pudiste evitar efectuar una media sonrisa; no podías creer estar finalmente así con Paula.
Y casi rozaban sus labios, cuando tu teléfono comenzó a sonar. Largaste una puteada aún encima de ella y Paula rió mirándote graciosa.
- Perdón Pau – dijiste tímidamente y ella te acarició. Así menos ibas a poder atender.
- Atendé tranquilo – y te sonrió. Vos te levantaste con un bufido para agarrar el teléfono. Paula se incorporó también y tomó nuevamente la cuchara con la que estaba comiendo.
Leíste el nombre que titilaba en la pantalla antes de tomar la llamada. “Mariano, que hacés” dijiste y M. Iudica te comentó rápidamente casi sin respirar cómo la reunión que tenías hoy con el “Chato” se había movido para ya porque tenían que resolver varias cosas que quedaron pendientes antes de que empiece el programa. “¿Podés estar en media hora?” te preguntó y vos no tenías muchas opciones. Definitivamente querías el laburo y más que nada, quedarte en Buenos Aires. Acababas de despejar cualquier tipo de duda.
“Sí, ya salgo para allá”
Después de cortar, dirigiste tu mirada al sillón. Paula se hacía la que miraba la televisión; vos sabías que había estado escuchándote atentamente, no podía con su curiosidad. Notó que la mirabas y con naturalidad se acomodó en el sillón para quedar en dirección tuya.
- ¿Te reclaman?
- Algo así – respondiste y sabías que se moría por saber más – Es por un trabajo de productor que me ofrecieron.
- ¿En serio? ¡Qué bueno Pepe! – te dijo sonriendo y se paró para quedar a tu misma altura y poder abrazarte – Justo tiene que ver con algo de lo que te gusta hacer – y te morías cuando sonreía así… con la mirada.
- Sí, lástima que me tengo que ir ya... - y ella se mordió el labio inferior - Nos va a quedar la multa pendiente - dijiste algo gracioso mientras te perdías en sus ojos. Estabas peligrosamente cerca.
- Ya voy a tener oportunidad de cobrármela, digo si te quedás en Capital - remató sensualmente.
- O podes acompañarme a Ideas y buscamos el momento - arriesgaste bromeando con una media sonrisa y enarcando una ceja. Paula rió y te golpeó amistosamente el hombro.
- Dale, anda que se te va a hacer tarde y a mí se me derrite el helado- y te dio un beso en la comisura del labio que te dejó pasmado.
Sonreíste atontado mientras ella volvía y se sentaba nuevamente. Tomaste el celular y las llaves para irte luego de saludarla, aún en una especie de trance. Paula observó divertida como desaparecías por la puerta.
Cuando llegaste abajo, te llego un mensaje de texto de ella.
"Me había olvidado lo chueco que eras"
Largaste una carcajada.
(Flashback)
El cielo estaba completamente despejado; el día estaba hermoso. El frío invernal se mantenía, pero el sol hacía que estar al aire libre sea más ameno.
Pasaste por la puerta del hotel para llevarla a patinar como prometiste. No te entusiasmaba la idea de estar en una pista llena de gente y Paula tampoco te había insistido tanto, pero por alguna razón ella te convencía demasiado fácil.
Después de hacer un par de combinaciones en el subte y de reírte por cómo Paula experimentaba su primer viaje en ese transporte ("yo nunca viaje en subte Pedro, ¡soy de provincia!") al fin llegaron al Rockefeller Center.
En inglés pediste amablemente dos pares de patines en tu número y en el de tu acompañante a la pulposa morocha que atendía. Paula te miraba enarcando una ceja y cuando la encargada te los entregó, se mordió el labio inferior.
- Cantidad no significa calidad - te dijo en el oído cuando estaban alejándose y tomó su par de patines. Reíste.
- ¿Y quien dijo que me interesa la cantidad? - ella estaba sentada en un banco mientras se ponía los patines. La viste sonreír y creíste escuchar un “más te vale”. Pero cuando se paró, no pudiste evitar preguntarle lo que acababa de formularse en tu mente - ¿Sos chueca?
- ¿Eh? – te contestó extrañada.
- Si sos chueca - repetiste y una “o” iba formándose en los labios de Paula. La imagen te pareció tan graciosa, que no pudiste evitar reírte lo cual a ella la ofendió aún más.
- ¡No soy chueca Pedrooo!, tengo una leve inclinación del pie izquierdo hacia adentro – y te ahogaste con tu risa contagiándola a ella – Es un problemita de nacimiento, me tuvieron que enyesar ¡No te rías! – decía mientras carcajeaba también – Casi ni se nota, nadie se había dado cuenta hasta ahora.
- Soy muy observador – le dijiste sensualmente y ella volvió a morderse el labio.
- De eso ya me di cuenta… - y vos suspiraste al saber que hacía alusión a la chica de unos minutos atrás, de la que ni te acordabas la cara – Voy entrando a la pista… a ver si me alcanzas – sentenció desafiándote y vos sonreíste.
Te calzaste los patines e hiciste un paneo general antes de entrar al hielo… La gente reía, se abrazaba, charlaba y fundamentalmente se chocaba y se caía. Eras muy maricón para estas cosas… te sacaban del fútbol o del tenis y eras un cero para los demás deportes. Muy espástico.
Cuando localizaste a Paula… te mandaste. No supiste ni como te pusiste en movimiento, pero en definitiva, avanzabas. Con torpeza, de más esta decir, hasta que sin saber cómo terminaste con el culo en el piso.
Escuchaste la risa descontrolada de ella a un metro tuyo y refunfuñaste mientras te levantabas. Ella se acomodó un mechón de pelo y se acercó preocupada a ver cómo te encontrabas. Una vez incorporado, reíste vos también.
- Ahora que te cagaste de risa de mí, vas a tener que ayudarme con esto – y ella parecía tener la sonrisa tatuada – Enseñame.
- Perdón, fue muy gracioso… Vení que te ayudo – y te extendió su mano, envuelta en un guante rosa.
Te abalanzaste en su dirección pero no para tomarle la mano; en su lugar, la abrazaste de atrás, impactando suavemente sobre su espalda.
- ¿Qué hacés? – te preguntó, sin oponer ningún tipo de resistencia – Te estás pasando de vivo.
- El cuerpo tiene memoria y ahora por el golpe no puedo soltarme a patinar así como así – inventaste en el momento.
- ¿Y hace falta estar apoyándome?
- Si querés, me pongo de frente – y la diste vuelta tomándola de la cintura. Tus ojos brillaban y los verdes de ella también. No podías sacar tu vista de su boca.
- Me gusta la vista – sentenció mientras rodeaba tu cuello con sus brazos y no despegaba su mirada de vos.
Las palabras estaban completamente de más y de repente, no pudiste ver más que a Paula. Cada vez estaban más cerca y sentías que tu corazón latía más y más fuerte, ansiando el momento en que tus labios se chocaran con los suyos. Y cuando no quedaban más que dos centímetros de distancia, impactaste sobre su boca con dulzura y con pasión.
(Fin Flashback)
“Chuequita hermosa” redactaste rápidamente y lo enviaste, antes de tomar el primer taxi que paró a tu señal.
Presentías que hoy iba a ser un buen día.
Ella te miraba fijamente, no parecía tener intenciones de alejarse de vos. No pudiste evitar efectuar una media sonrisa; no podías creer estar finalmente así con Paula.
Y casi rozaban sus labios, cuando tu teléfono comenzó a sonar. Largaste una puteada aún encima de ella y Paula rió mirándote graciosa.
- Perdón Pau – dijiste tímidamente y ella te acarició. Así menos ibas a poder atender.
- Atendé tranquilo – y te sonrió. Vos te levantaste con un bufido para agarrar el teléfono. Paula se incorporó también y tomó nuevamente la cuchara con la que estaba comiendo.
Leíste el nombre que titilaba en la pantalla antes de tomar la llamada. “Mariano, que hacés” dijiste y M. Iudica te comentó rápidamente casi sin respirar cómo la reunión que tenías hoy con el “Chato” se había movido para ya porque tenían que resolver varias cosas que quedaron pendientes antes de que empiece el programa. “¿Podés estar en media hora?” te preguntó y vos no tenías muchas opciones. Definitivamente querías el laburo y más que nada, quedarte en Buenos Aires. Acababas de despejar cualquier tipo de duda.
“Sí, ya salgo para allá”
Después de cortar, dirigiste tu mirada al sillón. Paula se hacía la que miraba la televisión; vos sabías que había estado escuchándote atentamente, no podía con su curiosidad. Notó que la mirabas y con naturalidad se acomodó en el sillón para quedar en dirección tuya.
- ¿Te reclaman?
- Algo así – respondiste y sabías que se moría por saber más – Es por un trabajo de productor que me ofrecieron.
- ¿En serio? ¡Qué bueno Pepe! – te dijo sonriendo y se paró para quedar a tu misma altura y poder abrazarte – Justo tiene que ver con algo de lo que te gusta hacer – y te morías cuando sonreía así… con la mirada.
- Sí, lástima que me tengo que ir ya... - y ella se mordió el labio inferior - Nos va a quedar la multa pendiente - dijiste algo gracioso mientras te perdías en sus ojos. Estabas peligrosamente cerca.
- Ya voy a tener oportunidad de cobrármela, digo si te quedás en Capital - remató sensualmente.
- O podes acompañarme a Ideas y buscamos el momento - arriesgaste bromeando con una media sonrisa y enarcando una ceja. Paula rió y te golpeó amistosamente el hombro.
- Dale, anda que se te va a hacer tarde y a mí se me derrite el helado- y te dio un beso en la comisura del labio que te dejó pasmado.
Sonreíste atontado mientras ella volvía y se sentaba nuevamente. Tomaste el celular y las llaves para irte luego de saludarla, aún en una especie de trance. Paula observó divertida como desaparecías por la puerta.
Cuando llegaste abajo, te llego un mensaje de texto de ella.
"Me había olvidado lo chueco que eras"
Largaste una carcajada.
(Flashback)
El cielo estaba completamente despejado; el día estaba hermoso. El frío invernal se mantenía, pero el sol hacía que estar al aire libre sea más ameno.
Pasaste por la puerta del hotel para llevarla a patinar como prometiste. No te entusiasmaba la idea de estar en una pista llena de gente y Paula tampoco te había insistido tanto, pero por alguna razón ella te convencía demasiado fácil.
Después de hacer un par de combinaciones en el subte y de reírte por cómo Paula experimentaba su primer viaje en ese transporte ("yo nunca viaje en subte Pedro, ¡soy de provincia!") al fin llegaron al Rockefeller Center.
En inglés pediste amablemente dos pares de patines en tu número y en el de tu acompañante a la pulposa morocha que atendía. Paula te miraba enarcando una ceja y cuando la encargada te los entregó, se mordió el labio inferior.
- Cantidad no significa calidad - te dijo en el oído cuando estaban alejándose y tomó su par de patines. Reíste.
- ¿Y quien dijo que me interesa la cantidad? - ella estaba sentada en un banco mientras se ponía los patines. La viste sonreír y creíste escuchar un “más te vale”. Pero cuando se paró, no pudiste evitar preguntarle lo que acababa de formularse en tu mente - ¿Sos chueca?
- ¿Eh? – te contestó extrañada.
- Si sos chueca - repetiste y una “o” iba formándose en los labios de Paula. La imagen te pareció tan graciosa, que no pudiste evitar reírte lo cual a ella la ofendió aún más.
- ¡No soy chueca Pedrooo!, tengo una leve inclinación del pie izquierdo hacia adentro – y te ahogaste con tu risa contagiándola a ella – Es un problemita de nacimiento, me tuvieron que enyesar ¡No te rías! – decía mientras carcajeaba también – Casi ni se nota, nadie se había dado cuenta hasta ahora.
- Soy muy observador – le dijiste sensualmente y ella volvió a morderse el labio.
- De eso ya me di cuenta… - y vos suspiraste al saber que hacía alusión a la chica de unos minutos atrás, de la que ni te acordabas la cara – Voy entrando a la pista… a ver si me alcanzas – sentenció desafiándote y vos sonreíste.
Te calzaste los patines e hiciste un paneo general antes de entrar al hielo… La gente reía, se abrazaba, charlaba y fundamentalmente se chocaba y se caía. Eras muy maricón para estas cosas… te sacaban del fútbol o del tenis y eras un cero para los demás deportes. Muy espástico.
Cuando localizaste a Paula… te mandaste. No supiste ni como te pusiste en movimiento, pero en definitiva, avanzabas. Con torpeza, de más esta decir, hasta que sin saber cómo terminaste con el culo en el piso.
Escuchaste la risa descontrolada de ella a un metro tuyo y refunfuñaste mientras te levantabas. Ella se acomodó un mechón de pelo y se acercó preocupada a ver cómo te encontrabas. Una vez incorporado, reíste vos también.
- Ahora que te cagaste de risa de mí, vas a tener que ayudarme con esto – y ella parecía tener la sonrisa tatuada – Enseñame.
- Perdón, fue muy gracioso… Vení que te ayudo – y te extendió su mano, envuelta en un guante rosa.
Te abalanzaste en su dirección pero no para tomarle la mano; en su lugar, la abrazaste de atrás, impactando suavemente sobre su espalda.
- ¿Qué hacés? – te preguntó, sin oponer ningún tipo de resistencia – Te estás pasando de vivo.
- El cuerpo tiene memoria y ahora por el golpe no puedo soltarme a patinar así como así – inventaste en el momento.
- ¿Y hace falta estar apoyándome?
- Si querés, me pongo de frente – y la diste vuelta tomándola de la cintura. Tus ojos brillaban y los verdes de ella también. No podías sacar tu vista de su boca.
- Me gusta la vista – sentenció mientras rodeaba tu cuello con sus brazos y no despegaba su mirada de vos.
Las palabras estaban completamente de más y de repente, no pudiste ver más que a Paula. Cada vez estaban más cerca y sentías que tu corazón latía más y más fuerte, ansiando el momento en que tus labios se chocaran con los suyos. Y cuando no quedaban más que dos centímetros de distancia, impactaste sobre su boca con dulzura y con pasión.
(Fin Flashback)
“Chuequita hermosa” redactaste rápidamente y lo enviaste, antes de tomar el primer taxi que paró a tu señal.
Presentías que hoy iba a ser un buen día.
miércoles, 21 de diciembre de 2011
Capítulo 14.
Suspiraste en el cambiador. Al fin la producción había terminado después de 6 horas de fotos y cambios de ropa sin parar. Guardaste todos tus objetos personales en tu cartera y agarraste tus Ray Ban que aun estaban sobre la mesa.
En el estudio quedaban solo vos, Flor y Sochi (ambas amigas tuyas, la primera directora de producción y la segunda peinadora y maquilladora). Los demás habían abandonado el salón ni bien terminaron.
- Chau Pau, nos vemos - te dijo Sochi con un beso y abrazo. Ni bien se fue, apareció Flor algo ofuscada con un par de carpetas en la mano.
- ¿El trabajo sigue en casa? - preguntaste.
- El idiota de mi jefe, que considera que como fue un día tranquilo, puedo "aprovechar para adelantar en casa"... Pelotudo autodidacta, me tiene los ovarios fritos. Necesita una alegría YA.
- Quizás podemos presentarle a alguien - sugeriste bromeando.
- No le deseo ese mal a nadie, te juro- y carcajeaste con ella luego de esa especie de catarsis. Parecía encaminarse a la salida cuando se acordó de algo y apoyo todo lo que cargaba en la mesa.
- Quedate ahí quieta - te grito y vos levantaste las manos, por las dudas - estamos solas y te di 5 horas de changüí sin preguntarte absolutamente nada para que puedas laburar tranquila... Pero no me olvide. Pedro Alfonso, cómo, dónde, por qué.
- Sin repetir y sin soplar te faltó decirme... - bromeaste y Flor enarcó sus cejas, tomaste aire y proseguiste - Es raro con Pedro.
- Especificá raro... Raro lindo, raro feo, raro tierno, hay mil variantes...
- No sé Flor, raro - y suspiraste. Ni vos entendías muy bien qué pasaba con Pedro - Lo conozco por los mails, sabés esa historia, y... ¿Te acordás el chico de Nueva York?
- ¡Mentira que es el que te cantó Montaner! - y sonreíste casi sonrojándote. Aunque estuvieras algo perdida respecto a vos y a Peter, estabas segura de que era especial- ¡Raro lindo entonces! Además te digo que no da más el pibe...
- ¡Florencia! Ojo que es mío - exclamaste con una sonrisa.
- Ya te saltó la celosa de adentro, que tarada que sos Paula - te dijo cargándote y vos la empujaste amistosamente.
Mientras salían, le terminabas de contar los últimos acontecimientos con él, entre risas. Recibiste muchos comentarios al estilo de "deja de hacerte la viuda negra", "sos muy vueltera Paula", "qué lindo encontrártelo de madrugada con este calor"; pero al menos conseguiste que Florencia admitiera que Pedro era un poco bipolar ¡Y es que lo era!
De todas maneras, vos necesitabas ir paso a paso. Pedro te encantaba, de eso no tenías dudas. Pero venías de una relación larga y algo frustrada y no querías de lleno meterte en algo nuevo. Querías disfrutar cada momento.
Cuando llegaste al departamento, abriste distraídamente la puerta y entraste rápidamente. Colgaste las llaves en el llavero y tiraste la cartera negra en la mesa ratona de roble al lado de la puerta. Sin mirar el living, fuiste directo a la cocina con el pote de medio kilo de helado de chocolate Freddo y Marroc que te habías comprado antes de subir.
Miraste el reloj en la pared, era la 1 del mediodía. Agarraste una cuchara de postre y te fuiste animadamente al sofá, para tirarte y disfrutar de no hacer nada.
- Hola - y casi se te va el helado a la mierda. Pedro estaba tirado en el sofá, vestido (gracias a dios) con el control de la televisión en la mano mirándote con una sonrisa.
- La puta madre Pedro me asustaste - y tomaste un almohadón y se lo tiraste en la cara. Él se tapó justo y amenazó con devolvértelo - No no no, ¡estoy con el helado! - te estabas congelando la mano con el frío del pote - Pareces Homero Simpson así tirado Peter.
El carcajeó y te contagiaste. Su risa era muy graciosa.
- ¿Me estás diciendo gordo? – te preguntó con voz de amanerado y volviste a reír - Estás parada hace 10 minutos Pau, vení que te hago un lugar - comentó mientras se acomodaba y se sentaba dejando un lugar para vos.
- No te tengo que pedir permiso, es mi casa... – contestaste haciéndote la ofendida.
- Qué peleadora que estás hoy... - te dijo algo molesto.
- Un poco - dijiste con una sonrisa mientras te sentabas y él recobró la suya - ¿qué mirabas?
- Padre de familia - vos abriste el envase y quitaste la tapa. El modulaba algunos diálogos mientras transcurrían en pantalla; se los sabía de memoria. Te metiste una cucharada de chocolate en la boca y le dijiste algo que ni vos alcanzaste a entender.
- ¿Qué?- te preguntó riendo. Vos tragaste.
- Que te sabés los diálogos casi de memoria y yo gracias que me río. No me causan gracia estos programas, soy anormal.
- Estos y los de los Simpsons - te confesó con una media sonrisa- hay varias personas que no les gustan... – y vos hiciste una mueca. Te metiste otra cucharada.
- Ya que te los sabes de memoria, digo, que tal si cambiamos y ponemos alguna peli que no hayamos visto...
- Porque yo soy el huésped, eso no habla bien de vos como mi anfitriona...
- ¡No podes hablar Pedro! Hace memoria- le reprochaste haciendo mención a cuando vos eras visitante en su departamento en NY- Además, mi casa, mis reglas.
- ¿Dónde está el libro de quejas?
- No está habilitado – le dijiste con una sonrisa, victoriosa.
- ¿Y si no cumplo las reglas? – inquirió divertido, mientras te desafiaba con la mirada. Cada vez estaba más cerca de tuyo.
- Multa - y le robaste el control de la mano justo cuando la conversación se estaba poniendo interesante. Vos ibas a decidir cuando cobrarla.
- Me arrebatas el control de la mano y comes helado en frente mío, vas menos diez.
- Perdón, ¿querías?
- ¿Qué te parece?
Y le pasaste una cantidad considerable de helado de chocolate por la nariz. Él se estremeció por el frío pero al instante reaccionó y vos lo tomaste de las muñecas instintivamente.
- No me especificaste donde – dijiste mientras te morías de risa y él cuando logró soltarse comenzó a hacerte cosquillas, obligándote a recostarte en el sofá. Ya te estabas ahogando.
- Pedro, ¡basta! - y paró. Sabía que aunque te hacían reír, odiabas las cosquillas. En consecuencia, permaneciste un minuto recuperando el aire y él aprovecho para quedar a centímetros de tu boca. Se miraron a los ojos y sonrieron. Vos no planeabas moverte.
En el estudio quedaban solo vos, Flor y Sochi (ambas amigas tuyas, la primera directora de producción y la segunda peinadora y maquilladora). Los demás habían abandonado el salón ni bien terminaron.
- Chau Pau, nos vemos - te dijo Sochi con un beso y abrazo. Ni bien se fue, apareció Flor algo ofuscada con un par de carpetas en la mano.
- ¿El trabajo sigue en casa? - preguntaste.
- El idiota de mi jefe, que considera que como fue un día tranquilo, puedo "aprovechar para adelantar en casa"... Pelotudo autodidacta, me tiene los ovarios fritos. Necesita una alegría YA.
- Quizás podemos presentarle a alguien - sugeriste bromeando.
- No le deseo ese mal a nadie, te juro- y carcajeaste con ella luego de esa especie de catarsis. Parecía encaminarse a la salida cuando se acordó de algo y apoyo todo lo que cargaba en la mesa.
- Quedate ahí quieta - te grito y vos levantaste las manos, por las dudas - estamos solas y te di 5 horas de changüí sin preguntarte absolutamente nada para que puedas laburar tranquila... Pero no me olvide. Pedro Alfonso, cómo, dónde, por qué.
- Sin repetir y sin soplar te faltó decirme... - bromeaste y Flor enarcó sus cejas, tomaste aire y proseguiste - Es raro con Pedro.
- Especificá raro... Raro lindo, raro feo, raro tierno, hay mil variantes...
- No sé Flor, raro - y suspiraste. Ni vos entendías muy bien qué pasaba con Pedro - Lo conozco por los mails, sabés esa historia, y... ¿Te acordás el chico de Nueva York?
- ¡Mentira que es el que te cantó Montaner! - y sonreíste casi sonrojándote. Aunque estuvieras algo perdida respecto a vos y a Peter, estabas segura de que era especial- ¡Raro lindo entonces! Además te digo que no da más el pibe...
- ¡Florencia! Ojo que es mío - exclamaste con una sonrisa.
- Ya te saltó la celosa de adentro, que tarada que sos Paula - te dijo cargándote y vos la empujaste amistosamente.
Mientras salían, le terminabas de contar los últimos acontecimientos con él, entre risas. Recibiste muchos comentarios al estilo de "deja de hacerte la viuda negra", "sos muy vueltera Paula", "qué lindo encontrártelo de madrugada con este calor"; pero al menos conseguiste que Florencia admitiera que Pedro era un poco bipolar ¡Y es que lo era!
De todas maneras, vos necesitabas ir paso a paso. Pedro te encantaba, de eso no tenías dudas. Pero venías de una relación larga y algo frustrada y no querías de lleno meterte en algo nuevo. Querías disfrutar cada momento.
Cuando llegaste al departamento, abriste distraídamente la puerta y entraste rápidamente. Colgaste las llaves en el llavero y tiraste la cartera negra en la mesa ratona de roble al lado de la puerta. Sin mirar el living, fuiste directo a la cocina con el pote de medio kilo de helado de chocolate Freddo y Marroc que te habías comprado antes de subir.
Miraste el reloj en la pared, era la 1 del mediodía. Agarraste una cuchara de postre y te fuiste animadamente al sofá, para tirarte y disfrutar de no hacer nada.
- Hola - y casi se te va el helado a la mierda. Pedro estaba tirado en el sofá, vestido (gracias a dios) con el control de la televisión en la mano mirándote con una sonrisa.
- La puta madre Pedro me asustaste - y tomaste un almohadón y se lo tiraste en la cara. Él se tapó justo y amenazó con devolvértelo - No no no, ¡estoy con el helado! - te estabas congelando la mano con el frío del pote - Pareces Homero Simpson así tirado Peter.
El carcajeó y te contagiaste. Su risa era muy graciosa.
- ¿Me estás diciendo gordo? – te preguntó con voz de amanerado y volviste a reír - Estás parada hace 10 minutos Pau, vení que te hago un lugar - comentó mientras se acomodaba y se sentaba dejando un lugar para vos.
- No te tengo que pedir permiso, es mi casa... – contestaste haciéndote la ofendida.
- Qué peleadora que estás hoy... - te dijo algo molesto.
- Un poco - dijiste con una sonrisa mientras te sentabas y él recobró la suya - ¿qué mirabas?
- Padre de familia - vos abriste el envase y quitaste la tapa. El modulaba algunos diálogos mientras transcurrían en pantalla; se los sabía de memoria. Te metiste una cucharada de chocolate en la boca y le dijiste algo que ni vos alcanzaste a entender.
- ¿Qué?- te preguntó riendo. Vos tragaste.
- Que te sabés los diálogos casi de memoria y yo gracias que me río. No me causan gracia estos programas, soy anormal.
- Estos y los de los Simpsons - te confesó con una media sonrisa- hay varias personas que no les gustan... – y vos hiciste una mueca. Te metiste otra cucharada.
- Ya que te los sabes de memoria, digo, que tal si cambiamos y ponemos alguna peli que no hayamos visto...
- Porque yo soy el huésped, eso no habla bien de vos como mi anfitriona...
- ¡No podes hablar Pedro! Hace memoria- le reprochaste haciendo mención a cuando vos eras visitante en su departamento en NY- Además, mi casa, mis reglas.
- ¿Dónde está el libro de quejas?
- No está habilitado – le dijiste con una sonrisa, victoriosa.
- ¿Y si no cumplo las reglas? – inquirió divertido, mientras te desafiaba con la mirada. Cada vez estaba más cerca de tuyo.
- Multa - y le robaste el control de la mano justo cuando la conversación se estaba poniendo interesante. Vos ibas a decidir cuando cobrarla.
- Me arrebatas el control de la mano y comes helado en frente mío, vas menos diez.
- Perdón, ¿querías?
- ¿Qué te parece?
Y le pasaste una cantidad considerable de helado de chocolate por la nariz. Él se estremeció por el frío pero al instante reaccionó y vos lo tomaste de las muñecas instintivamente.
- No me especificaste donde – dijiste mientras te morías de risa y él cuando logró soltarse comenzó a hacerte cosquillas, obligándote a recostarte en el sofá. Ya te estabas ahogando.
- Pedro, ¡basta! - y paró. Sabía que aunque te hacían reír, odiabas las cosquillas. En consecuencia, permaneciste un minuto recuperando el aire y él aprovecho para quedar a centímetros de tu boca. Se miraron a los ojos y sonrieron. Vos no planeabas moverte.
Capítulo 13.
Recibir un fuerte zarandeo a las diez de la mañana no era sano bajo ningún concepto. Vos, Pedro, te negabas a enderezarte sobre vos mismo hasta que Zaira amenazó con tirarse encima de vos como hacía un par de años. Rápidamente comenzaste a emitir varios “No, no, está bien, me levanto” y la morocha sonrió con suficiencia.
- Es hora de levantarse Pepón, marsopita – y refregaste sus ojos con tus manos, aún semi dormido. Hiciste un pantallazo general del departamento y al terminar volvió su mirada hacia Zai, quien te miraba enarcando una ceja – Pau ya se fue a trabajar.
Odiabas esa manía de Zaira de dar en el clavo.
- ¿Eh? – y ella revoleó los ojos ante tu falsa confusión. Preferiste hacerte el tonto y cambiar súbitamente de tema – ¿Se puede saber que hacés levantada tan temprano?
- Salí a comprar el diario, tomá – explicó y te alcanzó la sección de “Clasificados” del diario junto con un resaltador amarillo – Estuve mirando por arriba y hay unos departamentos que están buenos…
- Gracias Zaichu – dijiste sonriendo y la morocha te brindo una sonrisa radiante – gracias por todo- y la abrazaste de costado.
- Me aburre que me agradezcas Pepe – contestó la morocha graciosa y vos mordiste tu labio inferior mirándola burlonamente. Ella estalló en risas. Le encantaba molestarte – O debería decirte Peter…
- Qué tarada que sos- le dijiste divertido – Suerte que soy tu agasajado eh.
- ¿Me vas a contar qué onda con Pau?
- ¿Me vas a contar de tu casamiento fallido? – preguntaste suspicaz y Zaira se mordió el labio.
- Ganaste, prefiero no saber – carcajeaste y ella se rió con vos. Estaban en igualdad de condiciones. Te desperezaste y la morocha se sentó sobre sus rodillas en el sofá. Revolviste tu cabello y te levantaste para estirarte.
Pronto, tu mente pasó de funcionar a media máquina al nivel normal y recordaste algo que quizás era importante mencionarle a tu amiga. No sabías si debías; no querías ilusionarla. Pero el encuentro con Paula de anteayer te había revolucionado.
- Me olvide de contarte Zai… me crucé a Iudica ayer – y ella te miró expectante – y quizás me ofreció laburo de productor otra vez.
Salió exaltada de una manera ridícula de donde estaba sentada y te abrazó fuerte. Vos casi te caes, por el envión con el que se lanzó arriba tuyo.
- Perdón por casi matarte, ¿entonces te quedas en Capital por tiempo indefinido? – preguntó mientras se incorporaban.
- Si acepto la propuesta… - ella te miró como si fuera una obviedad –pero es muy probable.
- Eso es un sí – dijo sonriente y agregó – Conozco a alguien que se va a poner muy contenta con esta noticia…
- ¿Vos decís? – preguntaste sinceramente. Realmente te preocupaba la opinión de Paula.
- Sos un bobo, obvio que se va a poner feliz cuando se entere. Más todavía si conseguís algo cerca – y sonreíste con un tonto – Che se me hace tardísimo, tengo que irme a San Isidro que esta mi hermana con los bebés y mis papás. No creo que te importe mucho que te deje solo…. Total, al mediodía llega Paulita – dijo divertida mientras se dirigía a su habitación para alistarse.
- ¡Gracias por el dato! – le gritaste y escuchaste sus risas en el pasillo. Te cambiaste rápidamente y bajaste al kiosco para comprar cigarrillos y chicles. La idea de pasar la tarde con Paula te gustaba demasiado.
- Es hora de levantarse Pepón, marsopita – y refregaste sus ojos con tus manos, aún semi dormido. Hiciste un pantallazo general del departamento y al terminar volvió su mirada hacia Zai, quien te miraba enarcando una ceja – Pau ya se fue a trabajar.
Odiabas esa manía de Zaira de dar en el clavo.
- ¿Eh? – y ella revoleó los ojos ante tu falsa confusión. Preferiste hacerte el tonto y cambiar súbitamente de tema – ¿Se puede saber que hacés levantada tan temprano?
- Salí a comprar el diario, tomá – explicó y te alcanzó la sección de “Clasificados” del diario junto con un resaltador amarillo – Estuve mirando por arriba y hay unos departamentos que están buenos…
- Gracias Zaichu – dijiste sonriendo y la morocha te brindo una sonrisa radiante – gracias por todo- y la abrazaste de costado.
- Me aburre que me agradezcas Pepe – contestó la morocha graciosa y vos mordiste tu labio inferior mirándola burlonamente. Ella estalló en risas. Le encantaba molestarte – O debería decirte Peter…
- Qué tarada que sos- le dijiste divertido – Suerte que soy tu agasajado eh.
- ¿Me vas a contar qué onda con Pau?
- ¿Me vas a contar de tu casamiento fallido? – preguntaste suspicaz y Zaira se mordió el labio.
- Ganaste, prefiero no saber – carcajeaste y ella se rió con vos. Estaban en igualdad de condiciones. Te desperezaste y la morocha se sentó sobre sus rodillas en el sofá. Revolviste tu cabello y te levantaste para estirarte.
Pronto, tu mente pasó de funcionar a media máquina al nivel normal y recordaste algo que quizás era importante mencionarle a tu amiga. No sabías si debías; no querías ilusionarla. Pero el encuentro con Paula de anteayer te había revolucionado.
- Me olvide de contarte Zai… me crucé a Iudica ayer – y ella te miró expectante – y quizás me ofreció laburo de productor otra vez.
Salió exaltada de una manera ridícula de donde estaba sentada y te abrazó fuerte. Vos casi te caes, por el envión con el que se lanzó arriba tuyo.
- Perdón por casi matarte, ¿entonces te quedas en Capital por tiempo indefinido? – preguntó mientras se incorporaban.
- Si acepto la propuesta… - ella te miró como si fuera una obviedad –pero es muy probable.
- Eso es un sí – dijo sonriente y agregó – Conozco a alguien que se va a poner muy contenta con esta noticia…
- ¿Vos decís? – preguntaste sinceramente. Realmente te preocupaba la opinión de Paula.
- Sos un bobo, obvio que se va a poner feliz cuando se entere. Más todavía si conseguís algo cerca – y sonreíste con un tonto – Che se me hace tardísimo, tengo que irme a San Isidro que esta mi hermana con los bebés y mis papás. No creo que te importe mucho que te deje solo…. Total, al mediodía llega Paulita – dijo divertida mientras se dirigía a su habitación para alistarse.
- ¡Gracias por el dato! – le gritaste y escuchaste sus risas en el pasillo. Te cambiaste rápidamente y bajaste al kiosco para comprar cigarrillos y chicles. La idea de pasar la tarde con Paula te gustaba demasiado.
martes, 20 de diciembre de 2011
Capítulo 12.
Te retorciste entre sueños intentando permanecer así, dormido, pero la incomodidad fue más fuerte y te obligó a enderezarte. Eso y el cambio de hora. Consideraste prender un cigarrillo pero de inmediato recordaste que aquella no era tu casa ni tu sillón y que por ende, Zaira no repararía en propinarte una trompada si en un descuido dejabas el olor a tabaco impregnado en el ambiente. Preferiste no arriesgarte.
Lentamente y con un andar cuidadoso, te dirigiste a la cocina sin preocuparte por ocultar tu torso desnudo; eran las tres de la mañana. La fresca agua que te habías servido minutos atrás comenzó a deslizarse por tu garganta eliminando cualquier rastro de sequedad. Al terminar, apoyaste tu cadera en la mesada.
El portarretratos que colgaba en la pared de en frente llamó tu atención y desafiaste a la oscuridad (porque te daba mucha fiaca prender la luz) intentando descifrar quienes eran los protagonistas de la imagen. Al cabo de unos minutos lograste reconocer a las dueñas de la casa, con la tez más oscura de lo habitual, por lo que adivinaste que la fotografía había sido tomada en las vacaciones. Paula estaba hermosa.
La morocha en el costado derecho de la foto, tu mejor amiga, era quien (después de múltiples insistencias) te había convencido para que te hospedes por un par de días en el departamento, en tanto conseguías un sitio propio para quedarte. En un principio te negaste rotundamente, pero te diste por vencido al ver que intentar convencer a Zaira sería un imposible. Sin embargo, le dejaste bien en claro que tu ida se efectuaría pronto, dado que no querías ocasionar molestias ni cambiar el ritmo de vida de ninguna de las dos.
Colocaste el vaso sobre la mesada de mármol y posaste tu mano fría, consecuencia del contacto con el frío vidrio del anterior nombrado, en tu nuca. Exhalaste lentamente.
En realidad, temías molestar a Paula.
Cerraste los ojos.
- No sabía que eras noctámbulo.
Los abriste de inmediato.
(Flashback)
Zaira te alcanzó el cenicero luego de abrir ampliamente el ventanal y limpiaste tu recién prendido cigarrillo de los restos de ceniza que estorbaban. Diste una profunda pitada al mismo y mientras exhalabas el humo observaste minuciosamente a Paula, quien te clavaba la mirada desde el lado opuesto del living. Solo habían quedado ustedes tres, Gonza y Fabri.
- Y, no me dijeron todavía… ¿de dónde se conocen ustedes dos?- preguntó la morocha, entre entusiasmada e intrigada. La potencial unión de sus mejores amigos contribuía totalmente a su emoción.
Ambos amagaron a contestar al mismo tiempo, causando posteriores risas y movimientos para disimular el nerviosismo. Las mejillas de Paula pronto adquirieron un tono rosado y con la mirada te invitó a que tomes la iniciativa. Qué raro ella mostrándose tan tímida. Sin embargo, le sonreíste en respuesta y apagaste tu cigarrillo con rapidez, dispuesto a relatar en líneas generales ese invierno del 2008 que compartieron juntos en aquel país nórdico.
- Y entonces… ¿qué onda?- inquirió suspicaz Zaira, al notar que tu relato se encontraba incompleto. Nunca le había gustado perderse de nada y esa vez no era la excepción.
- ¿En serio necesitás que te lo expliquen Zai? – le preguntó Fabricio burlón y recibió un fuerte empujón en su hombro, cortesía de Paula.
La morocha no pudo evitar que sus risas comiencen a aflorar al ver como las mejillas de su mejor amiga abandonaban el tímido rosado para adquirir uno escarlata. Vos te uniste a las risas sin despegar tus ojos de los verdes de ella.
- ¡Timbre! – exclamó Zai nuevamente, como por quinta vez en la noche, al escuchar el ensordecedor sonido que denotaba la llegada del helado, ordenado minutos atrás. Paula se levantó de un salto, con intenciones de correr a atender el portero, mientras Zaira le susurraba un “te salvó la campana”. Tus labios se curvaron notoriamente al ver la efusividad de la rubia.
Amabas su espontaneidad.
(Fin flashback)
- Y, el sillón no es muy amigo mío… - le contestaste, abandonando tu posición cerca de la mesada. Paula te inspeccionó rápidamente, intentando no ser demasiado obvia. Vos quisiste imitarla, pero ignorar el baby doll negro que tenía puesto fue en vano.
El calor la había levantado de la cama y la idea de tomar un refrescante vaso de cualquier líquido que aniquilara su sed era sumamente tentadora. Ella recordó lo que la había llevado a la cocina y abrió la heladera, intentado que la búsqueda del jugo la ayude a olvidar que te encontrabas semi desnudo.
- Ese sofá no es amigo de nadie – agregó riendo y obligándote a que vos la imitaras, contagiado por la calidez de su risa – Qué loco todo esto no, encontrarnos de nuevo… acá. Y que vos seas el amigo perdido de Zai… claro.
- La verdad, jamás me imaginé que te iba a ver de nuevo. Más después de que desapareciste sin señal alguna ¡Desapareciste de un día para otro! – bromeaste, intentando romper el hielo y retomar un poco de la ¿confianza? que hubo alguna vez entre los dos.
- ¿Es un reproche?- inquirió Paula divertida, mientras levantaba un ceja y sacaba un vaso de la alacena para servirse el frío jugo de naranja. Vos reíste brevemente.
- No, para nada, pero… podrías haberme dejado algo, un teléfono, un mail – la rubia hizo una mueca y vos te arrepentiste al instante de que aquellas palabras hayan salido de tu boca. La estabas presionando – Igual, no importa. La vida se encargó sola de volvernos a juntar ¿no? Es una señal – y sonreíste de costado.
Paula carraspeó incómoda. Estabas empezando a ponerla nerviosa y a pesar de que disfrutara de aquella conversación que se estaba desarrollando entre los dos, temía que la misma tomara cursos de los cuáles no se pudiera volver. O de los que no quisiera.
- Quizás, pero las circunstancias no son las mismas que hace 3 años –afirmó Pau atajándose a cualquier tipo de indirecta que pudieras propinarle. Frunciste el entrecejo mientras elaborabas una posible refutación en su cabeza. Optaste por preguntar.
- ¿Y qué es distinto ahora?
- Por ejemplo, que ya no somos dos extraños Peter – reflexionó la muchacha tomando un sorbo del líquido.
- Eso es algo a nuestro favor. Nos ahorramos las formalidades – contra atacaste volviendo a torcer tu boca en una sonrisa de costado y Paula se preguntó cómo había sido capaz de olvidarse de ese vos.
- Pero justamente, el ya conocernos hace perder el misterio y la adrenalina que provoca lo desconocido- y colocó el vaso vacío en la pileta de la mesada. Le gustaba el histeriqueo.
- No coincido – murmuraste acercándote hacia ella. Paula se mantuvo estática en su lugar.
- Y yo con vos tampoco, pero dicen que el intercambio de opiniones enriquece la conversación… Estoy cansada, me voy a dormir. Buenas noches – te saludó sonriente, decidiendo que era mejor cortar la situación antes de que llegara todo demasiado lejos.
Vos la saludaste en silencio y te quedaste con el vaso en la mano.
- ¡Pau! – la llamaste, obligándola a volver.
- ¿Qué pasa?
- Vos me debés algo… no me olvido lo que me prometiste en el mail- haciendo referencia al “oh Pepe”; ella te dedicó una última sonrisa antes de volverse a su habitación.
Ya solo, suspiraste. Conciliar el sueño te resultaría imposible.
Se lo dedico con toda mi copez a la persona más igual a mi que existe en este mundo... Jime, mi gran besto en este mar cibernético jaja :) ♥
Lentamente y con un andar cuidadoso, te dirigiste a la cocina sin preocuparte por ocultar tu torso desnudo; eran las tres de la mañana. La fresca agua que te habías servido minutos atrás comenzó a deslizarse por tu garganta eliminando cualquier rastro de sequedad. Al terminar, apoyaste tu cadera en la mesada.
El portarretratos que colgaba en la pared de en frente llamó tu atención y desafiaste a la oscuridad (porque te daba mucha fiaca prender la luz) intentando descifrar quienes eran los protagonistas de la imagen. Al cabo de unos minutos lograste reconocer a las dueñas de la casa, con la tez más oscura de lo habitual, por lo que adivinaste que la fotografía había sido tomada en las vacaciones. Paula estaba hermosa.
La morocha en el costado derecho de la foto, tu mejor amiga, era quien (después de múltiples insistencias) te había convencido para que te hospedes por un par de días en el departamento, en tanto conseguías un sitio propio para quedarte. En un principio te negaste rotundamente, pero te diste por vencido al ver que intentar convencer a Zaira sería un imposible. Sin embargo, le dejaste bien en claro que tu ida se efectuaría pronto, dado que no querías ocasionar molestias ni cambiar el ritmo de vida de ninguna de las dos.
Colocaste el vaso sobre la mesada de mármol y posaste tu mano fría, consecuencia del contacto con el frío vidrio del anterior nombrado, en tu nuca. Exhalaste lentamente.
En realidad, temías molestar a Paula.
Cerraste los ojos.
- No sabía que eras noctámbulo.
Los abriste de inmediato.
(Flashback)
Zaira te alcanzó el cenicero luego de abrir ampliamente el ventanal y limpiaste tu recién prendido cigarrillo de los restos de ceniza que estorbaban. Diste una profunda pitada al mismo y mientras exhalabas el humo observaste minuciosamente a Paula, quien te clavaba la mirada desde el lado opuesto del living. Solo habían quedado ustedes tres, Gonza y Fabri.
- Y, no me dijeron todavía… ¿de dónde se conocen ustedes dos?- preguntó la morocha, entre entusiasmada e intrigada. La potencial unión de sus mejores amigos contribuía totalmente a su emoción.
Ambos amagaron a contestar al mismo tiempo, causando posteriores risas y movimientos para disimular el nerviosismo. Las mejillas de Paula pronto adquirieron un tono rosado y con la mirada te invitó a que tomes la iniciativa. Qué raro ella mostrándose tan tímida. Sin embargo, le sonreíste en respuesta y apagaste tu cigarrillo con rapidez, dispuesto a relatar en líneas generales ese invierno del 2008 que compartieron juntos en aquel país nórdico.
- Y entonces… ¿qué onda?- inquirió suspicaz Zaira, al notar que tu relato se encontraba incompleto. Nunca le había gustado perderse de nada y esa vez no era la excepción.
- ¿En serio necesitás que te lo expliquen Zai? – le preguntó Fabricio burlón y recibió un fuerte empujón en su hombro, cortesía de Paula.
La morocha no pudo evitar que sus risas comiencen a aflorar al ver como las mejillas de su mejor amiga abandonaban el tímido rosado para adquirir uno escarlata. Vos te uniste a las risas sin despegar tus ojos de los verdes de ella.
- ¡Timbre! – exclamó Zai nuevamente, como por quinta vez en la noche, al escuchar el ensordecedor sonido que denotaba la llegada del helado, ordenado minutos atrás. Paula se levantó de un salto, con intenciones de correr a atender el portero, mientras Zaira le susurraba un “te salvó la campana”. Tus labios se curvaron notoriamente al ver la efusividad de la rubia.
Amabas su espontaneidad.
(Fin flashback)
- Y, el sillón no es muy amigo mío… - le contestaste, abandonando tu posición cerca de la mesada. Paula te inspeccionó rápidamente, intentando no ser demasiado obvia. Vos quisiste imitarla, pero ignorar el baby doll negro que tenía puesto fue en vano.
El calor la había levantado de la cama y la idea de tomar un refrescante vaso de cualquier líquido que aniquilara su sed era sumamente tentadora. Ella recordó lo que la había llevado a la cocina y abrió la heladera, intentado que la búsqueda del jugo la ayude a olvidar que te encontrabas semi desnudo.
- Ese sofá no es amigo de nadie – agregó riendo y obligándote a que vos la imitaras, contagiado por la calidez de su risa – Qué loco todo esto no, encontrarnos de nuevo… acá. Y que vos seas el amigo perdido de Zai… claro.
- La verdad, jamás me imaginé que te iba a ver de nuevo. Más después de que desapareciste sin señal alguna ¡Desapareciste de un día para otro! – bromeaste, intentando romper el hielo y retomar un poco de la ¿confianza? que hubo alguna vez entre los dos.
- ¿Es un reproche?- inquirió Paula divertida, mientras levantaba un ceja y sacaba un vaso de la alacena para servirse el frío jugo de naranja. Vos reíste brevemente.
- No, para nada, pero… podrías haberme dejado algo, un teléfono, un mail – la rubia hizo una mueca y vos te arrepentiste al instante de que aquellas palabras hayan salido de tu boca. La estabas presionando – Igual, no importa. La vida se encargó sola de volvernos a juntar ¿no? Es una señal – y sonreíste de costado.
Paula carraspeó incómoda. Estabas empezando a ponerla nerviosa y a pesar de que disfrutara de aquella conversación que se estaba desarrollando entre los dos, temía que la misma tomara cursos de los cuáles no se pudiera volver. O de los que no quisiera.
- Quizás, pero las circunstancias no son las mismas que hace 3 años –afirmó Pau atajándose a cualquier tipo de indirecta que pudieras propinarle. Frunciste el entrecejo mientras elaborabas una posible refutación en su cabeza. Optaste por preguntar.
- ¿Y qué es distinto ahora?
- Por ejemplo, que ya no somos dos extraños Peter – reflexionó la muchacha tomando un sorbo del líquido.
- Eso es algo a nuestro favor. Nos ahorramos las formalidades – contra atacaste volviendo a torcer tu boca en una sonrisa de costado y Paula se preguntó cómo había sido capaz de olvidarse de ese vos.
- Pero justamente, el ya conocernos hace perder el misterio y la adrenalina que provoca lo desconocido- y colocó el vaso vacío en la pileta de la mesada. Le gustaba el histeriqueo.
- No coincido – murmuraste acercándote hacia ella. Paula se mantuvo estática en su lugar.
- Y yo con vos tampoco, pero dicen que el intercambio de opiniones enriquece la conversación… Estoy cansada, me voy a dormir. Buenas noches – te saludó sonriente, decidiendo que era mejor cortar la situación antes de que llegara todo demasiado lejos.
Vos la saludaste en silencio y te quedaste con el vaso en la mano.
- ¡Pau! – la llamaste, obligándola a volver.
- ¿Qué pasa?
- Vos me debés algo… no me olvido lo que me prometiste en el mail- haciendo referencia al “oh Pepe”; ella te dedicó una última sonrisa antes de volverse a su habitación.
Ya solo, suspiraste. Conciliar el sueño te resultaría imposible.
Se lo dedico con toda mi copez a la persona más igual a mi que existe en este mundo... Jime, mi gran besto en este mar cibernético jaja :) ♥
Capítulo 11.
Miraste como se sonrojaba y no salías de tu asombro. Te dolían las comisuras de tanto sonreír pero no podías aflojar; era algo involuntario.
Sentiste la mirada de Zaira sobre tu nuca, pero no volteaste. En su lugar, carraspeaste, esperando algún tipo de reacción de parte de Trinidad, si era ese su verdadero nombre.
Presentías que de algo te estabas perdiendo y viste como la rubia se paró para quedarse frente a vos.
- Peter – pronunció con una tímida sonrisa y te abrazó sin darte espacio a una respuesta. Vos respondiste de la misma forma. Al cabo de un minuto se separaron, sin dejar de mirarse a los ojos.
- No puedo creer lo que hiciste Pau – y Zaira se abalanzó sobre ella. ¿Pau? ¿Ella era Paula? De pronto, todo comenzó a conectarse y comprendiste todo.
- Vos te lo merecés Cachorra – le dijo con una sonrisa y se dirigió hacia vos clavándote sus ojos verdes – igual me costó horrores convencerlo a tu amigo, se hizo desear bastante.
Hiciste una sonrisa de costado. Qué descarada.
- Ah sí, y es bastante cabeza dura Pepe - comentó Zaira – Y bipolar, y chinchudo y – le tapaste la boca con tu mano izquierda y Paula rió. Su sonrisa estaba intacta.
- Me estás haciendo quedar bárbaro en frente de tu amiga eh – bromeaste. Pau te miró atentamente; ella no necesitaba introducciones.
- ¿Te interesa quedar bien delante de Pochi? – te respondió burlona Zaira y te tocaste la sien nervioso. La rubia se dio cuenta y salió en tu ayuda.
- Me parece que ya quedó perfecto delante de todos viniendo a sorprenderte Zai… - sonreíste, embobado – Igual, tienen miles de cosas para hablar así que los dejo ponerse al día tranquilos – finalizó Paula mientras le tocaba el hombro a la castaña amistosamente. Zaira antes de que se vaya, le murmuró en voz baja (pero vos alcanzaste a oír) “no me olvido de lo que pasó cuando llego Pedro eh, ustedes se conocen de antes”.
Pronto, Fabricio robó la atención de Paula y Zaira, la tuya. Estuvieron hablando casi más de media hora sin parar y evitando sin problemas cualquier tema que te pusiera incómodo. Tu amiga te conocía y te respetaba.
La viste salir al balcón y aprovechaste para ir tras ella, excusándote con Zaira con el pretexto de que necesitabas fumar un cigarrillo. En realidad, era cierto.
Al llegar, abriste tus Malboro con rapidez. Te habías comprado un atado de veinte cuando te bajaste del avión, hace aproximadamente 3 horas. Mierda que estabas nervioso; te quedaban tres puchos.
Sabías que Paula te estaba mirando, pero te quisiste hacer un poco el interesante. Prendiste el cigarrillo y exhalaste lentamente. Volviste tu mirada hacia ella, estaba casi en diagonal a vos.
- ¿Qué pasa? – le preguntaste un poco molesto por su silencio.
- Te miro – sentenció ella de una forma completamente natural.
- ¿Querés uno? – le dijiste haciendo referencia al cigarrillo. Entre nos, estabas buscando cualquier cosa para conseguir que se quede con vos más tiempo.
- No gracias, deje de fumar hace unos meses… La noche está hermosa.
Su tranquilidad estaba comenzando a molestarte. Vos no eras exactamente una persona de muchas palabras pero su ¿frialdad? ante el asunto te rompía las pelotas. Querías explicaciones.
- ¿Cuándo vas a dejar de hacerte la tonta Pau? – dijiste mirando el paisaje urbano y dándole una pitada al cigarrillo.
Ella te miró algo sorprendida. No se esperaba esa reacción tuya. Cortó un poco la distancia que los separaba y clavó sus ojos sobre los tuyos, marrones.
- No me hago la boluda, sólo que me parece todo tan raro… No sé cómo manejar esto. Siento que te conozco de tres maneras diferentes y es difícil adaptarme al conjunto en sí.
- ¿Y para mí no? ¿Para mí no es difícil?– y empezabas a enchincharte. Sentías que ella se desligaba de toda responsabilidad – Fuiste vos la que me mintió… Esto se soluciona muy fácil: explicándome.
Paula mordió su labio inferior, le molestaba que le pongas los puntos de recién llegado. Tiraste la colilla por el enrejado y ella te miró indignada.
- ¿Tenemos vecinos sabés? Y podés agarrar un cenicero de adentro si venís a fumar – te dijo molesta.
- No me cambies de tema Paula.
- Está bien, igual podrías haberte agarrado uno… - la miraste torciendo tus cejas – Es cierto, te mentí… pero fue una mentirita piadosa… Yo estaba jugando a cambiarme el nombre, típico de las vacaciones.
- ¿Ah lo hacés muy seguido? – preguntaste filosamente.
- ¡Pedro! – exclamó molesta – No, pero es divertido. Y cuando te conocí, pensé que después de ese día no te iba a ver nunca más… y ya no daba decírtelo.
- Tampoco me dijiste que eras modelo… - agregaste mientras prendías otro pucho más. Ibas a tener que comprarte en el kiosco de la esquina.
- ¿La verdad? Me dio vergüenza – y la miraste extrañado – Vos eras todo intelectual, con el cine, las computadoras… y no sé, preferí no decirte nada.
- Vos sabés que no soy así, no tengo prejuicios con esas cosas.
- Lo sé… sino no hubiera pasado mis dos semanas de vacaciones con vos.
Sonrieron simultáneamente y tocaste tu sien por enésima vez en el día. Te acercaste un poco más a ella. Morías por abrazarla otra vez.
De repente, a Paula la llamaron para entrar, cortando el clima que se estaba generando entre los dos. Puteaste para tus adentros y ella con una mueca, se dio vuelta y se fue, dejándote solo en el balcón.
Al menos te quedaba un cigarrillo.
Sentiste la mirada de Zaira sobre tu nuca, pero no volteaste. En su lugar, carraspeaste, esperando algún tipo de reacción de parte de Trinidad, si era ese su verdadero nombre.
Presentías que de algo te estabas perdiendo y viste como la rubia se paró para quedarse frente a vos.
- Peter – pronunció con una tímida sonrisa y te abrazó sin darte espacio a una respuesta. Vos respondiste de la misma forma. Al cabo de un minuto se separaron, sin dejar de mirarse a los ojos.
- No puedo creer lo que hiciste Pau – y Zaira se abalanzó sobre ella. ¿Pau? ¿Ella era Paula? De pronto, todo comenzó a conectarse y comprendiste todo.
- Vos te lo merecés Cachorra – le dijo con una sonrisa y se dirigió hacia vos clavándote sus ojos verdes – igual me costó horrores convencerlo a tu amigo, se hizo desear bastante.
Hiciste una sonrisa de costado. Qué descarada.
- Ah sí, y es bastante cabeza dura Pepe - comentó Zaira – Y bipolar, y chinchudo y – le tapaste la boca con tu mano izquierda y Paula rió. Su sonrisa estaba intacta.
- Me estás haciendo quedar bárbaro en frente de tu amiga eh – bromeaste. Pau te miró atentamente; ella no necesitaba introducciones.
- ¿Te interesa quedar bien delante de Pochi? – te respondió burlona Zaira y te tocaste la sien nervioso. La rubia se dio cuenta y salió en tu ayuda.
- Me parece que ya quedó perfecto delante de todos viniendo a sorprenderte Zai… - sonreíste, embobado – Igual, tienen miles de cosas para hablar así que los dejo ponerse al día tranquilos – finalizó Paula mientras le tocaba el hombro a la castaña amistosamente. Zaira antes de que se vaya, le murmuró en voz baja (pero vos alcanzaste a oír) “no me olvido de lo que pasó cuando llego Pedro eh, ustedes se conocen de antes”.
Pronto, Fabricio robó la atención de Paula y Zaira, la tuya. Estuvieron hablando casi más de media hora sin parar y evitando sin problemas cualquier tema que te pusiera incómodo. Tu amiga te conocía y te respetaba.
La viste salir al balcón y aprovechaste para ir tras ella, excusándote con Zaira con el pretexto de que necesitabas fumar un cigarrillo. En realidad, era cierto.
Al llegar, abriste tus Malboro con rapidez. Te habías comprado un atado de veinte cuando te bajaste del avión, hace aproximadamente 3 horas. Mierda que estabas nervioso; te quedaban tres puchos.
Sabías que Paula te estaba mirando, pero te quisiste hacer un poco el interesante. Prendiste el cigarrillo y exhalaste lentamente. Volviste tu mirada hacia ella, estaba casi en diagonal a vos.
- ¿Qué pasa? – le preguntaste un poco molesto por su silencio.
- Te miro – sentenció ella de una forma completamente natural.
- ¿Querés uno? – le dijiste haciendo referencia al cigarrillo. Entre nos, estabas buscando cualquier cosa para conseguir que se quede con vos más tiempo.
- No gracias, deje de fumar hace unos meses… La noche está hermosa.
Su tranquilidad estaba comenzando a molestarte. Vos no eras exactamente una persona de muchas palabras pero su ¿frialdad? ante el asunto te rompía las pelotas. Querías explicaciones.
- ¿Cuándo vas a dejar de hacerte la tonta Pau? – dijiste mirando el paisaje urbano y dándole una pitada al cigarrillo.
Ella te miró algo sorprendida. No se esperaba esa reacción tuya. Cortó un poco la distancia que los separaba y clavó sus ojos sobre los tuyos, marrones.
- No me hago la boluda, sólo que me parece todo tan raro… No sé cómo manejar esto. Siento que te conozco de tres maneras diferentes y es difícil adaptarme al conjunto en sí.
- ¿Y para mí no? ¿Para mí no es difícil?– y empezabas a enchincharte. Sentías que ella se desligaba de toda responsabilidad – Fuiste vos la que me mintió… Esto se soluciona muy fácil: explicándome.
Paula mordió su labio inferior, le molestaba que le pongas los puntos de recién llegado. Tiraste la colilla por el enrejado y ella te miró indignada.
- ¿Tenemos vecinos sabés? Y podés agarrar un cenicero de adentro si venís a fumar – te dijo molesta.
- No me cambies de tema Paula.
- Está bien, igual podrías haberte agarrado uno… - la miraste torciendo tus cejas – Es cierto, te mentí… pero fue una mentirita piadosa… Yo estaba jugando a cambiarme el nombre, típico de las vacaciones.
- ¿Ah lo hacés muy seguido? – preguntaste filosamente.
- ¡Pedro! – exclamó molesta – No, pero es divertido. Y cuando te conocí, pensé que después de ese día no te iba a ver nunca más… y ya no daba decírtelo.
- Tampoco me dijiste que eras modelo… - agregaste mientras prendías otro pucho más. Ibas a tener que comprarte en el kiosco de la esquina.
- ¿La verdad? Me dio vergüenza – y la miraste extrañado – Vos eras todo intelectual, con el cine, las computadoras… y no sé, preferí no decirte nada.
- Vos sabés que no soy así, no tengo prejuicios con esas cosas.
- Lo sé… sino no hubiera pasado mis dos semanas de vacaciones con vos.
Sonrieron simultáneamente y tocaste tu sien por enésima vez en el día. Te acercaste un poco más a ella. Morías por abrazarla otra vez.
De repente, a Paula la llamaron para entrar, cortando el clima que se estaba generando entre los dos. Puteaste para tus adentros y ella con una mueca, se dio vuelta y se fue, dejándote solo en el balcón.
Al menos te quedaba un cigarrillo.
lunes, 19 de diciembre de 2011
Capítulo 10.
Verte correr con plumero en mano por todo el departamento era una escena digna de fotografiar. Desde el sofá, Zaira reía sin respiro desde hacía minutos al no poder contenerse ante tal imagen. Pronto serían las nueve de la noche, horario en el que la morocha había citado a sus invitados el día anterior para festejar su cumpleaños número 23, y aún la cuarta parte de la casa estaba en un estado que casi no merecía ser descripto en palabras. Sus risas resonaban en las paredes del living, pero cesaron inmediatamente al recibir un almohadonazo de parte tuya, su mejor amiga.
- ¡Hey! – exclamó Zaira a modo de queja, pero aún tan divertida como hacia minutos atrás.
- ¿En vez de reírte podrías ayudarme un poco no? – y las malditas risas estallaron nuevamente - ¡Basta! – y ahora vos te contagiabas también. Te dejaste caer al lado de Zaira y revoleaste el plumero lejos de ustedes.
- No seas tan perfeccionista Pochi, ya fue. Es demasiado irreal que este tan ordenado… – dijo con una sonrisa y añadió – Además, no creo que a los chicos les importe mucho. Ya me conocen…
- ¡No podes ser tan despelotada Zaira! Pero no me interesan los chicos, ya están curados de espanto con vos. Igual me podrías haber avisado el estado en el que estaba el departamento, hubiera venido antes para ordenar–y la morocha carcajeó – En realidad, quiero que este todo impecable porque viene una sorpresa…
-¿Quién viene? ¡No me habías dicho nada!
-Justamente, porque la idea es que te sorprendas…
- ¡Timbre! – exclamó con entusiasmo tu mejor amiga y vos te levantaste corriendo para ir a mirarte al espejo del pasillo. No sabías por qué tanta ansiedad y emoción te daba estar a minutos de conocer a Peter. Ni bien se abrió la puerta, Flor (y tras de ella un grupo de aprox. 7 personas, entre ellas tu hermano) se lanzó sobre la morocha para saludarla, luego de que abriera la puerta, y vos intentaste disimular tu decepción al ver que los recién llegados no eran quien vos esperabas.
- Simpática te dicen a vos eh… - le reprochó burlón Gonzalo, y vos le sacaste la lengua a modo de contestación. Los presentes rieron y él se hizo el enojado.
- Perdoname Goni Gon – dijiste con dulzura y le tomaste los cachetes a tu hermano para apretartelos– es que estoy ansiosa porque hoy viene una sorpresita especial.
- Apa, viene con misterio la cosa – dijo divertido y se dio vuelta para dirigirse a la cumpleañera- yo que vos, tendría a mano los teléfonos de emergencias – y mientras reían vos le pegaste en el hombro a modo de protesta.
- Ni se imagina lo que es – le contestaste orgullosa.
Intercambiaste miradas cómplices con Gonza y tu amiga refunfuño. Rápidamente los invitados pasaron al living y las charlas se dispararon. Flor te abrazó para saludarte y le preguntaste por Uschi; amabas a esa nena.
Mientras mirabas como se acomodaban tus amigos, suspiraste. Simular que no estabas tan emocionada por la pronta llegada de Pedro te estaba costando horrores. Fuiste a la cocina con la excusa de tener que buscar más hielo, pero en realidad, era para que no te vean en ese estado ¿Tan nerviosa podía ponerte la llegada de alguien que apenas conocías? ¿O en realidad, estabas nerviosa por como podría caerle la sorpresa a Zaira?
Estabas tardando demasiado y tu ausencia pronto iba a notarse. Volviste esbozando una sonrisa y te ubicaste cerca de Flor, mientras entablabas una conversación con tu mejor amigo Fabri, recién llegado de Miami.
Se reían mientras intercambiaban anécdotas de la anterior noche y luego se unieron al grupo más grande donde estaba tu hermano, contando las últimas.
La ausencia de Pedro te inquietaba y comenzaste a preguntarte si iba a cumplir su palabra y venir. Lo habías citado hacía media hora y todavía no había llegado. Quizás le gustaba hacerse el interesante o tal vez, se había arrepentido. Sabías lo difícil que era para él apersonarse en la fiesta… pero te morías de ganas de que lo hiciera.
El último mail de Pedro te había descolocado: “Pasame la dirección del departamento. La voy a necesitar para darle un beso y un abrazo a la cumpleañera….y a la otra dueña de casa también”. No te esperabas para nada que hubiera decidido venir en serio y menos que te confiese en una post data que se moría de ganas de verte… No sabías que tanto valor tenía, teniendo en cuenta que no se conocían personalmente y que estaba escrito en uno de los medios más impersonales que por decir de alguna manera hay, pero esas pocas palabras te bastaban para sonreír como una estúpida desde el día que leíste su mensaje.
No lograste concentrarse para escuchar el final de lo que contaba Gonza, pero te reíste para no quedar desentonada con las fuertes carcajadas de los demás.
De repente, la aguda melodía con la que sonaba el timbre sonó nuevamente y Zaira corrió rápidamente hacia la puerta de entrada. Tu mente se puso en blanco y desconociste la desequilibrada postura que estabas tomando. Sumamente nerviosa, te acomodaste a un lado del sofá, cerca de Fabri, y no quitaste los ojos de la puerta de entrada mientras esperabas que de una vez, se abriera la puerta.
Cuando el recién llegado y la morocha quedaron enfrentados en el umbral de la puerta, mágicamente se hizo un silencio absoluto en todo el departamento. Acto seguido, Zaira se tiró a los brazos del muchacho tras pronunciar un “no lo puedo creer, Pepe” y vos luchaste para obtener un primer plano de aquel extraño no tan extraño. Ella le sacudió el pelo al castaño y él carcajeó ante tal acción.
Se acercó lentamente al centro de la reunión (con Zaira colgada de sus hombros) mientras la mayoría de los que estaban en la sala, sorprendidos, lo saludaban entusiasmadamente. Vos, inmóvil, lo miraste con curiosidad intentando descifrar de dónde venía esa familiaridad que te producía Pedro físicamente hablando, más allá de los mails.
Él, al fin, volteó hacia vos y se paró en seco. Sentiste como tus mejillas se sonrojaban a niveles precipitados pero aun así no apartaste tu vista de sus ojos ¿De dónde lo conocías?
- ¡Vos! – exclamó.
Y a medida que una sincera sonrisa (y compradora, muy) comenzó a plasmarse en el rostro del castaño, lograste identificar a tu interlocutor. Y tu mente, algo aturdida por la sorpresa, te trasladó al pasado, musicalizando tus recuerdos al ritmo de “New York, New York”.
- ¡Hey! – exclamó Zaira a modo de queja, pero aún tan divertida como hacia minutos atrás.
- ¿En vez de reírte podrías ayudarme un poco no? – y las malditas risas estallaron nuevamente - ¡Basta! – y ahora vos te contagiabas también. Te dejaste caer al lado de Zaira y revoleaste el plumero lejos de ustedes.
- No seas tan perfeccionista Pochi, ya fue. Es demasiado irreal que este tan ordenado… – dijo con una sonrisa y añadió – Además, no creo que a los chicos les importe mucho. Ya me conocen…
- ¡No podes ser tan despelotada Zaira! Pero no me interesan los chicos, ya están curados de espanto con vos. Igual me podrías haber avisado el estado en el que estaba el departamento, hubiera venido antes para ordenar–y la morocha carcajeó – En realidad, quiero que este todo impecable porque viene una sorpresa…
-¿Quién viene? ¡No me habías dicho nada!
-Justamente, porque la idea es que te sorprendas…
- ¡Timbre! – exclamó con entusiasmo tu mejor amiga y vos te levantaste corriendo para ir a mirarte al espejo del pasillo. No sabías por qué tanta ansiedad y emoción te daba estar a minutos de conocer a Peter. Ni bien se abrió la puerta, Flor (y tras de ella un grupo de aprox. 7 personas, entre ellas tu hermano) se lanzó sobre la morocha para saludarla, luego de que abriera la puerta, y vos intentaste disimular tu decepción al ver que los recién llegados no eran quien vos esperabas.
- Simpática te dicen a vos eh… - le reprochó burlón Gonzalo, y vos le sacaste la lengua a modo de contestación. Los presentes rieron y él se hizo el enojado.
- Perdoname Goni Gon – dijiste con dulzura y le tomaste los cachetes a tu hermano para apretartelos– es que estoy ansiosa porque hoy viene una sorpresita especial.
- Apa, viene con misterio la cosa – dijo divertido y se dio vuelta para dirigirse a la cumpleañera- yo que vos, tendría a mano los teléfonos de emergencias – y mientras reían vos le pegaste en el hombro a modo de protesta.
- Ni se imagina lo que es – le contestaste orgullosa.
Intercambiaste miradas cómplices con Gonza y tu amiga refunfuño. Rápidamente los invitados pasaron al living y las charlas se dispararon. Flor te abrazó para saludarte y le preguntaste por Uschi; amabas a esa nena.
Mientras mirabas como se acomodaban tus amigos, suspiraste. Simular que no estabas tan emocionada por la pronta llegada de Pedro te estaba costando horrores. Fuiste a la cocina con la excusa de tener que buscar más hielo, pero en realidad, era para que no te vean en ese estado ¿Tan nerviosa podía ponerte la llegada de alguien que apenas conocías? ¿O en realidad, estabas nerviosa por como podría caerle la sorpresa a Zaira?
Estabas tardando demasiado y tu ausencia pronto iba a notarse. Volviste esbozando una sonrisa y te ubicaste cerca de Flor, mientras entablabas una conversación con tu mejor amigo Fabri, recién llegado de Miami.
Se reían mientras intercambiaban anécdotas de la anterior noche y luego se unieron al grupo más grande donde estaba tu hermano, contando las últimas.
La ausencia de Pedro te inquietaba y comenzaste a preguntarte si iba a cumplir su palabra y venir. Lo habías citado hacía media hora y todavía no había llegado. Quizás le gustaba hacerse el interesante o tal vez, se había arrepentido. Sabías lo difícil que era para él apersonarse en la fiesta… pero te morías de ganas de que lo hiciera.
El último mail de Pedro te había descolocado: “Pasame la dirección del departamento. La voy a necesitar para darle un beso y un abrazo a la cumpleañera….y a la otra dueña de casa también”. No te esperabas para nada que hubiera decidido venir en serio y menos que te confiese en una post data que se moría de ganas de verte… No sabías que tanto valor tenía, teniendo en cuenta que no se conocían personalmente y que estaba escrito en uno de los medios más impersonales que por decir de alguna manera hay, pero esas pocas palabras te bastaban para sonreír como una estúpida desde el día que leíste su mensaje.
No lograste concentrarse para escuchar el final de lo que contaba Gonza, pero te reíste para no quedar desentonada con las fuertes carcajadas de los demás.
De repente, la aguda melodía con la que sonaba el timbre sonó nuevamente y Zaira corrió rápidamente hacia la puerta de entrada. Tu mente se puso en blanco y desconociste la desequilibrada postura que estabas tomando. Sumamente nerviosa, te acomodaste a un lado del sofá, cerca de Fabri, y no quitaste los ojos de la puerta de entrada mientras esperabas que de una vez, se abriera la puerta.
Cuando el recién llegado y la morocha quedaron enfrentados en el umbral de la puerta, mágicamente se hizo un silencio absoluto en todo el departamento. Acto seguido, Zaira se tiró a los brazos del muchacho tras pronunciar un “no lo puedo creer, Pepe” y vos luchaste para obtener un primer plano de aquel extraño no tan extraño. Ella le sacudió el pelo al castaño y él carcajeó ante tal acción.
Se acercó lentamente al centro de la reunión (con Zaira colgada de sus hombros) mientras la mayoría de los que estaban en la sala, sorprendidos, lo saludaban entusiasmadamente. Vos, inmóvil, lo miraste con curiosidad intentando descifrar de dónde venía esa familiaridad que te producía Pedro físicamente hablando, más allá de los mails.
Él, al fin, volteó hacia vos y se paró en seco. Sentiste como tus mejillas se sonrojaban a niveles precipitados pero aun así no apartaste tu vista de sus ojos ¿De dónde lo conocías?
- ¡Vos! – exclamó.
Y a medida que una sincera sonrisa (y compradora, muy) comenzó a plasmarse en el rostro del castaño, lograste identificar a tu interlocutor. Y tu mente, algo aturdida por la sorpresa, te trasladó al pasado, musicalizando tus recuerdos al ritmo de “New York, New York”.
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